viernes, septiembre 03, 2010

El amor después del amor

Llueve sobre mojado

jueves, septiembre 02, 2010

Otra vez Pizarnik...

Quién alumbra

Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.

lunes, agosto 23, 2010

The last station


Ayer Eliézer y yo vimos esta hermosa película que en lo particular me conmovió hasta las lágrimas(me gusta llorar en el cine). La increíble interpretación de Helen Mirren (can’t really be called overacting. It’s something bigger: emotional action painting, maybe, or symphonic installation art/ The Boston globe) hace que esta película se salga de sí misma y que de pronto la vida de Tolstoy sea un mero accesorio para la verdadera trama. Por supuesto, va más allá de ser una narrativa histórica. Ya con esto le perdono a Mirren las cochinadas que hizo en Calígula, : )

domingo, agosto 01, 2010

Eliézer es feliz

Eliézer es feliz. Tiene una guitarra nueva. Una guitarra comprada en los saldos de los bazares de esta nuestra zona este de Tijuana. Toca algunas melodías. Le digo que si él toca yo escribo. Le prometo escribir. Se sienta en el sillón negro. No sabe qué tocar primero. Luego de un rato de varios intentos se duerme sentado tomado del brazo y cadera del instrumento. Cuánto cariño, le digo echándole la carrilla. Así se agarra la guitarra, dice. Domingo ñoño en Villa del Real.

martes, junio 22, 2010

Del muy mentado libro de Toscana: Santa María del circo




Hace tiempo me lo recomendó un juarense. Según él, para mostrarme que había buenos escritores norteños. No necesitaba ser tan enfático: yo había leído ya Lontananza del mismo Toscana y me parecía que el libro era una muestra excelente de lo que se puede decir no diciendo. Exactamente lo que quiere el minimalismo. Toscana me pareció en Lontananza un digno representante del minimalismo o de cualquier corriente a la que le guste el poder de contener las palabras. Luego, Santa María del Circo se atravesó en mi camino otra vez. Fue durante la maestría. Digo durante, porque hubo alguien que se ocupó de restregarnos casi en todas las clases del Dr. Prada que Toscana sí era un excelente escritor del norte de México, sin necesidad de ser regionalista, supongo que esta persona consideraba amenazante, ridícula o extravagante el hecho de que yo escribiera una tesis sobre Luis Humberto Crosthwaite a quien, de paso, el amigo juarense también se esmeraba en compararle con Toscana. La posición era estúpida. Cada escritor tiene un registro distinto, unas obsesiones distintas, una pasión diferente. Digo, no se trataba de un concurso para elegir al "escritor del norte". Si así fuera, el premio se lo hubiera llevado con creces Eduardo Antonio Parra con su Nadie los vio salir. Anyway. La tercera vez que me topé con la Santa María fue precisamente a mi regreso a Tijuana. Acá estaba el libro (al que muchos estudiantes de la BUAP buscaron incansablemente sin resultado dado que el Dr. Prada decidió incluirlo como material de estudio de uno de sus cursos). Acá me lo encontré, en una mesa de especiales de la tienda DAX. Muchos Santa Marías apilados entre la Dieta South Beach y La indiscreta de Paty Chapoy. Lo interesante del hallazgo se resume en que el libro de Toscana tenía como precio la ridícula cantidá de treinta y cinco pesos . Sin pensarlo mucho me compré tres ejemplares. Dos de ellos terminaron en manos amigas y el otro pasó a formar parte de mi cada vez más escuálida y selecta biblioteca. En estas vacaciones decidí leerlo. Francamente, esperaba que los defensores del libro tuvieran razón. Esperaba que Toscana me sorprendiera de nuevo como ya lo había hecho con Estación Tula o con los cuentos desangelados del bar Lontananza. Pero no ocurrió así. Lo que ocurrió fue que ni siquiera he podido encontrar un calificativo que explique mi desesperación por abandonar el libro justamente a la mitad (algo parecido a lo que hice con Moby Dick). No deseché la lectura. Como niña valiente, como lectora que presume de su grado de maestra en Literatura Mexicana me arriesgué a llegar al final. Debo decir que a falta de palabras, he encontrado un blog que resume justamente lo que Santa María del Circo me provocó. Aquí va el comentario:

"La narrativa es entretenida pero no envuelve. El sarcasmo y el humor negro con el que inicia el libro es la mejor excusa para continuarlo hasta el fin. Sin embargo se pierde en la trama, se desgasta en el pueblo mientras todo comienza a destruirse; esta parte del libro se alarga, lo negro deja de tener humor e ingenio para convertirse en tragedia pesada, inevitable y predecible. A veces se abusa de la idea conceptual; es como un circo hiperrealista y kitch, los artistas parecieran estar al límite de lo humano y casi convertirse en estereotipos." (tomado de http://luischerrera.blogspot.com/2008/09/resea-santa-mara-del-circo.html)

Con los adjetivos precisos.

martes, junio 08, 2010

Edificio de Ana García Bergua


Que te guste un cuento de un cuentario significa que no se trata de tu autor o que no ha llegado el momento y que quizá no tiene por qué llegar. Que te gusten de dos a tres cuentos, es que has entendido algo del universo del autor. Que te gusten cinco cuentos de un cuentario es sin duda que estás frente a un escritor chingón. Ni más ni menos. Eso es Edificio de García Bergua, un cuentario chingón. Porque sí. Punto.

jueves, junio 03, 2010

De poemas inéditos

-En nuestras vidas no hay suficiente misterio, Hemingway, en estos tiempos lo que más falta nos hace son el escritor realmente desprovisto de ambición y el poema inédito realmente bueno.

A moveable fest, Ernest Hemingway

domingo, mayo 23, 2010

Nostalgia

Concluir con el Taller de composición me da algo de nostalgia. Como que extrañaré a los chamacos. Como que me harán falta sus preguntas. Como que echaré en falta sus retitos.


Terminar los demás cursos no me provoca absolutamente nada.

sábado, mayo 22, 2010

Mi lectura sobre Travesti de Carlos Reyes Ávila


Travesti: hacia la novela de formación transexual
Elizabeth Villa, Feria del Libro en Tijuana 2010

Travesti es una novela cuya función más destacada es la de poner en el discurso el mundo de las vestidas. Si bien la literatura mexicana se ha dejado de rodeos en la última década abordando ya temáticas relacionadas con las fronteras genérico-sexuales, son pocas, aunque no ausentes, las novelas cuya unidad radica en la búsqueda de la identidad transexual. Las mujeres, gracias al parloteo suscitado por la revolución feminista, hemos tenido amplio espacio para el debate sobre la construcción de nuestra identidad. A este debate ha dado respuesta el arte en sus diferentes manifestaciones y entre éstas la literatura. Los hombres, por su parte, crearon antes que nosotras todo un género, el bildungsroman o novela de formación, para enseñar a los jovencitos qué hacer con los deseos y la melancolía en la etapa de su crecimiento. Este género, que es una especie de novela subordinada a la estructura del ciclo vital de los y las adolescentes, ha funcionado con éxito para decantar la existencia literaria de la juventud. Pero a medida que los cuestionamientos sobre la libertad de elección sexual son puestos en el discurso, viejas prácticas como el travestismo, que antes se aceptaba como una fantasía privada de los caballeros, también exigen su representación en la literatura.
La característica estructural que define a la novela de formación es que muestra principalmente el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje desde su infancia hasta la etapa de madurez. Han sido novelas de formación Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister de Gohete, Nada, de Carmen Laforet y El retrato del artista adolescente de Joyce. Todas ellas se estructuran en torno a los descubrimientos y procesos de iniciación de una persona joven en el mundo de los adultos.
Las novelas de formación son novelas de tránsito. Paso de una edad a otra. Rituales donde se transforma la identidad. Por eso el relato que nos cuentan termina cuando la metamorfosis del personaje ha concluido.
Entonces, Travesti, como la mayoría de las novelas con temática gay en México, puede ser considerada una novela de formación transexual. Si bien Óscar, el escritor que usa como pretexto la investigación para una novela y de esta manera se sumerge en el mundo de las vestidas, no llega a hacerse cuestionamientos profundos sobre su identidad sexual, sí existe una serie de personajes que, como un coro, representan las variantes de un mismo sujeto que narra el testimonio de su transformación. En la novela, Óscar utiliza la entrevista para dar la voz a los travestidos. Así vemos aparecer a Camelia, la primera casi-vestida de Torreón; a Sonia, la sensación de los años sesentas; a Verónica Verano y a Paulina, entre otras. Todas ellas nos narran los años de aprendizaje para convertirse en “mujeres”.
¿Qué quiere un travesti?, se pregunta la novela. Quiere, quizá, aquello que busca representar: la maximización de los rasgos sexuales de la mujer. Pechos grandes, caderas y nalgas pronunciadas, cinturas estrechas, cabellos largos, altos tacones y maquillaje impecable, curiosamente todo aquello que la mujer liberada se ha esforzado por refrenar. ¿Qué queremos las mujeres? Dejar de ser sólo objetos del deseo sexual de los hombres. Entonces, ¿Qué clase de mujer desea ser el travesti? Queda claro, al leer la novela, que el verdadero planteamiento dejado en el aire es ¿qué es una mujer? pero al narrador no le interesa el debate feminista, al menos no en esta obra. El propósito de la novela es poner en el discurso una “femineidad hipertrofiada, inverosímil, grotesca e incluso agresiva”, una manera de mostrar un mundo sexual absolutamente masculino, de hombres para hombres, de machos haciendo el amor consigo mismos.
Conocida y debatida es ya la noción de que la imagen de la mujer sexual es una construcción del sujeto masculino, ella ha sido todo lo otro que la autodefinición genérica no le ha permitido al hombre ser. La mujer ha sido la depositaria de los deseos y fantasías masculinos: el ideal de la Diva.
Desde Greta Garbo y aun siglos atrás la Diva ha sido, parafraseando a Benjamin, la manifestación de una lejanía. La Diva es la mujer inaccesible que en la novela de Carlos Reyes se manifiesta mediante los desdenes que las vestidas les hacen a sus mayates. Sergio elegía siempre a Sonia porque: “le gustaba su porte imponente, su elegancia y su actitud de desdén, que sólo las divas pueden tener”. En otra parte de la novela se dice: “Es fascinante cómo en La Rueda los cholos y mayates se mueren por que una vestida les haga caso. Las sacan a bailar, les invitan algunas cervezas, las tratan de conquistar como si en verdad se tratara de mujeres. No lo son y no les importa. Ellos juegan el juego, se comprometen, se fascinan, se entusiasman.” La novela de Reyes representa, de una manera que quizá las discusiones feministas no han logrado, el deseo del hombre por un ideal de belleza que le ha sido negado y la voluntad de otros hombres por satisfacer a ese deseo materializando su existencia. Aunque la mujer moderna considere como una conquista el haberse librado de la dictadura de la belleza, “los dramas, el coqueteo, la seducción y la fiesta no han cambiado, dice el narrador de Travesti, seguimos siendo puros hombres”.

De Héctor Carreto

El nacimiento de Venus

Después de nacer de la espuma
ataviada con su vestido de gotas,
los labios con sabor a marisco,
Venus confesó a su poeta:
"No creo en milagros ni en dones divinos;
soy sólida como el pan que muerdes,
imperfecta como la roca o el sueño,
mi sexo huele a sardina,
me gustan los collares de perlas,
la cerveza clara y amar sin quitarme las botas."

miércoles, marzo 03, 2010

miércoles, septiembre 16, 2009

jueves, agosto 27, 2009

Para el Ego

Para poder ser capaz de ver la Luz y las bendiciones de las acciones espirituales importantes que hacemos, tenemos que asegurarnos de que nuestro ego no se involucre. Cuando queremos que la gente sepa lo que hemos hecho –y nos respete por eso– hacemos que nuestras acciones espirituales resulten casi inútiles.
Esto requiere consciencia constante, ya que el ego es muy peligroso y busca constantemente maneras de entrar en la situación.
Esta idea está perfectamente ilustrada en una historia famosa acerca de Rav Zusha de Anipoli.
Él viajaba por el campo y mientras entraba en cierto pueblo, vio a mucha gente vestida elegantemente y parada esperando a que iniciara una boda. Parecía ser que había un retraso, y se enteró de que esto se debía al hecho de que la madre de la novia había perdido la dote y no podía pagar la boda.
Rav Zusha se abrió paso entre la gente y encontró a la madre de la novia. Se acercó y le dijo, "Escuché que ha perdido la dote de su hija. ¿Puede por favor decirme las denominaciones del dinero para que pueda ayudarle a buscarlo?". Después de contarle los detalles, Rav Zusha respondió, "Creo que he encontrado su dinero. Permítame regresar a la posada donde me alojo y traérselo".
Volvió media hora más tarde y dijo, "Encontré su dinero". Todo mundo estaba emocionado, y pronto se corrió la voz de que la boda procedería como se había planeado. Sin embargo, de la nada Rav Zusha anunció, "Quiero tomar una cuota de 30% de la dote por haberla encontrado".
Todo el mundo comenzó a gritarle, "¿Qué está loco? ¡Una cuota por haberla encontrado! ¡Este dinero está financiando la boda! ¡¿Cómo se atreve?!".
"Perdón, pero creo que me merezco una cuota del 30% por haberla encontrado, y me gustaría que me la dieran ya", respondió. Pues bien, eso causó un alboroto, como habrán de imaginarse, y toda la familia se abalanzó sobre él, le arrebato el dinero de las manos, y lo echaron del pueblo como un criminal cualquiera.
Unos meses más tarde el líder del pueblo visitaba al maestro de Rav Zusha, el Maggid de Mezrich, y le contó lo que había pasado. "No entiendo. Es un estudiante tuyo. Esperaba que su comportamiento fuera ejemplar. ¿Cómo pudo comportarse de forma tan egoísta?".
Perplejo, el Maggid de Mezrich llamó a Rav Zusha y le dijo, "Quiero que nos cuentes la verdadera historia acerca de lo que pasó en ese pueblo". Rav Zusha objetó, diciendo que preferiría no hacerlo porque era muy vergonzoso. Después de darle vueltas al asunto, el Maggid finalmente le dijo, "Como tu maestro, te ordeno que me cuentes la historia".
Así que la contó. "Estaba yo viajando de pueblo en pueblo recaudando dinero para la boda de mi hija. Me tomó cerca de dos meses, pero al final reuní dinero suficiente. Cuando llegué a este pueblo y escuché la triste historia de la dote perdida, decidí que como la boda de mi hija no sería hasta dentro unas cuantas semanas, y ésta se estaba llevando a cabo en ese momento, lo correcto era tomar el dinero que había reunido y dárselo a esta familia. Así lo hice.
Pero, quería asegurarme de que nadie sabría lo que había hecho, así que le pregunté a la madre sobre la denominación correcta para asegurarme de que creería que el dinero era de ella. Regresé a la posada donde me estaba quedando, tomé la dote de mi hija, y fui a cambiar el dinero a las denominaciones especificadas por la madre.
En mi recorrido, mi ego empezó a hablarme. "Zusha, ¿quién más en el mundo haría lo que estás haciendo ahora? ¿Quién más en el mundo tomaría el dinero que pasó meses reuniendo, para la boda de su hija, y se lo daría a un extraño? ¿Quién más en el mundo es tan considerado y compartido como tú lo eres?". A cada paso que daba, mi ego hablaba más alto y se hacía más fuerte.
Me di cuenta de que si dejaba que mi ego creciera, mi acción se convertiría en algo casi sin ningún valor. Sí, habría sido un sacrificio personal grandioso, pero también habría estado completamente arrebatado por mi ego. Sabía que tenía que encontrar tanto la forma de hacer la acción importante, como de aniquilar a mi ego para que no creciera con esta acción. Fue entonces que se me ocurrió la idea de una cuota por haber encontrado la dote, sabiendo de lleno que me echarían del pueblo avergonzándome.
Era el plan perfecto, Podía llevar a cabo la acción de compartir, y aún así disminuir mi ego".
La lección de esta historia es que las grandes acciones de compartir –cuando son hechas de manera tal que hacen crecer al ego– se vuelven casi nulas. De hecho, pueden ser incluso dañinas. Debemos tener cuidado para que cuando hagamos acciones positivas –especialmente si son grandes y significativas– también pensemos en maneras de prevenir que éstas agranden nuestro ego. Sólo entonces podremos estar seguros de que estas acciones traerán tanta Luz y bendiciones como puedan a nuestras vidas.

martes, junio 09, 2009

2 pelis






Dos películas que recomiendo






Trabajo intelectual

Creo que nunca en mi vida había realizado un trabajo intelectual tan intenso como en estos dos años de la maestría. Uno de los resultados de ello es que la tesis ya está lista y en manos de los lectores y que yo puedo irme sin cargos ni culpas a mi hermosa Tijuana.
Hay planes que suenan bien. Que son planes concretos y no pendejadas. Planes de vida personal y académica que son bastantes y buenos para llevar una vida plena y feliz.

lunes, febrero 09, 2009

20 cuartillas

1. Para atravesar de nuevo los 3800 kilómetros que me separan de mi hogar he de escribir veinte cuartillas en un lapso de 45 días que deben ser revisados a más tardar en abril.

2. Ya me voy, le dije a Lety, ¿y valió la pena?, me preguntó, sí, la neta sí valió, aunque no se vea, le dije.

3. Volver a entijuanarme. Ayer volví a ver a Puebla bonita, y sin resentimientos.

martes, enero 13, 2009

En un feriado

Una de las tareas para la que no se necesita preparación es la de atender una casa aunque hay quienes creen lo contrario. Por esta razón deciden contratar a alguien que se haga cargo de los deberes cotidianos. Fragmentan de esta manera su relación con el hogar. Una relación que debiera crecer lenta e íntima como un tallo verde de bambú.
Denise se había marchado a París. Convenimos en que yo podía quedarme en su casa a cambio de dos mil pesos mensuales y hacerme cargo del gato y de las plantas. El edificio donde se ubicaba el departamento era un inmueble viejo. Algún vecino me platicó que a causa de un divorcio la residencia se había dividido en dos. Subiendo a la azotea además de contemplar el paisaje uno podía apreciar la línea de pintura blanca que la separaba en dos hemisferios.
Me correspondía alimentar a la mascota y regar de vez en vez una hilera de macetas que se ubicaba en el pasillo del extremo derecho. Ignoro los nombres de cada una pero debo decir que desde que me hice cargo de ellas nuevos brotes aparecían dotando al jardín de una verde vivacidad que anteriormente no poseía. Así me lo hicieron ver los vecinos.
También había notado la feliz coincidencia en cuanto al perfil humanístico de los residentes. En el ala derecha teníamos a un médico jubilado y a un profesor de lenguas. El extremo izquierdo albergaba a un comerciante de libros religiosos, una psicóloga y un defensor de los derechos humanos. Todos ellos pasaban por ser personas reservadas y concentradas en sus ocupaciones. La nieta del médico jubilado me hizo ver que se trataba de un vecindario extraño. “¿Extraño?”, -le pregunté-. Sí, me contestó, todos en este edificio son viejos menos tú. Y hasta ese momento creo que ella tenía razón.
Normalmente regaba las macetas por la noche. Aprovechaba para respirar el aire nocturno y disfrutar de la soledad callada del pequeño jardín. Notaba que una a una las plantas iban alzándose y recuperando soberbiamente su naturaleza anterior. Como si la dedicación con que me conducía hacia ellas les permitiera recobrar una olvidada condición vital.
Aquello sucedió en un día feriado. Era viernes y se empataba perfecto para hacer un largo fin de semana. El edificio permanecía tranquilo sin la mayoría de sus habitantes. Tal serenidad me llevó a cambiar la rutina. Empecé por atender el jardín desde la mañana. Cuando llegué a la mitad del pasillo me detuve para arrancar los tréboles silvestres que invadían una maceta. Dentro de ella Denise tenía plantado un pequeño árbol que gracias a mis cuidados floreció. Me preocupó por un instante que el recipiente pronto dejara de ser adecuado para las dimensiones que llegaría a tener el árbol. Y entonces la vi. Sentada en una piedrecilla y resguardada debajo de la sombra que le hacían las ramas del follaje. Era una viejecita pequeña como el dedo índice de la mano. Llevaba lentes, falda larga y unas calcetas. Y estaba dentro del tiesto que contenía aquella planta. ¿Qué hacía allí? Por un momento intenté explicarme que tal vez se tratara de una figurilla de plástico que la nieta del médico jubilado habría olvidado. Pero no era así porque la anciana me miraba directo a la cara con el brillo de los ojos que sólo puede tener un animal o un ser viviente. Y me asusté porque de súbito comprendí la intensidad con que ella me amaba. Era un sentimiento de comprensión total, como si conociera por entero mi vida, desde el inicio hasta aquel momento en que me encontraba. Y presentí con una entera certeza que sabía también lo que habría de venir después. Como es de esperarse solté la jarra con la que echaba el agua. Me tallé los ojos para hacer algo, para no desmayarme, pero lo único que sucedió fue que a partir de entonces cuando me asomo para arreglarme en el espejo me cuesta más distinguir a la mujer joven que era yo antes. De verdad.

En las siguientes entradas tres ensayos mios de mi

La narrativa minimalista de Jesús Gardea: Angel de los veranos

Cualquier repaso por la historia del cuento mexicano debe detenerse forzosamente en la narrativa producida desde las periferias. La escritura que se realiza desde todos los límites: corporales, sexuales, genéricos y geográficos. La detención en esos puntos de intersección revela siempre el potencial que guardan calladamente las culturas que permanecen fuera de los centros. No en balde Yuri Lotman desarrolló una percepción original acerca de las fronteras en su ensayo fundacional Acerca de la semiósfera. El investigador ruso luego de varios años viviendo en la ciudad fronteriza de Tartu, e inaugurar los estudios semióticos en su universidad, fue capaz de dibujar un modelo del funcionamiento dinámico de la cultura a partir de los intercambios entre centro y periferia.
De acuerdo con Lotman, los sectores periféricos en una cultura guardan reservas de procesos dinámicos que contribuyen a la creación de nueva información que pronto es asimilada por el centro trasladando los antiguos textos nucleares a la periferia. Estos intercambios entre núcleo y periferia producen nueva información.
Si asumimos el modelo semiótico de Lotman como una herramienta teórica para el análisis del desarrollo del cuento en México, hemos de notar que el estudio de la narrativa mexicana parte siempre de la definición de la literatura producida en el centro del país para después reconocer el desarrollo de la ficción escrita en los estados de provincia como un fenómeno posterior. Un ejemplo de esto lo tenemos en la Breve historia del cuento mexicano de Luis Leal (1990) cuya metodología de desarrollo asume una cronología que imita la línea temporal que sigue el discurso historiográfico mexicano. El estudio de Luis Leal inicia con el cuento prehispánico, sigue con la colonia, atraviesa el romanticismo y el modernismo y concluye con el expresionismo y “otras tendencias” entre las que cabe el cuento de ambiente provinciano. El objetivo no es descalificar la metodología de Leal sino hacer notar que dentro de nuestra cultura mexicana existe ya establecida una lógica de reconocimiento de las manifestaciones literarias periféricas (que en este caso son geográficas) como acontecimientos posteriores, desarrollados “después” de aquellos que se ocuparon primeramente de la descripción (y en algunos casos de la creación) de la conciencia semiótica del centro de México. De esta manera, los estudios que rescatan las reservas periféricas de la cultura mexicana generalmente parecen dotados por un carácter novedoso.
La narrativa de Jesús Gardea es una de esas literaturas que aparecen después de todo el cotorreo generado por la narrativa nacionalista producida dentro y fuera del centro del país. Alimentada por la estética de narradores minimalistas norteamericanos como Ernest Hemingway y Raymond Carver (y del nuestro: Juan Rulfo), la obra de Jesús Gardea junto con la de Severino Salazar y Ricardo Elizondo Elizondo, inaugura en el mapa literario nacional lo que los críticos, como Vicente Francisco Torres o Christopher Domínguez Michael, dan en llamar “Literatura del desierto”.
El norte de México se identificó plenamente en la geografía literaria nacional hasta los años ochentas con la llamada “Literatura del desierto” cuyas señas consistían, más que nada, en tomar como sustancia del contenido (que no de la expresión; para eso llegaría luego la “Literatura del norte de México” con Luis Humberto Crosthwaite, Eduardo Antonio Parra y Elmer Mendoza a la cabeza) a la atmósfera calurosa del desierto norteño y elaborar con ésta el símbolo estético. En la literatura del desierto el norte mexicano ingresa a la literatura sólo al nivel de significado. Hay en estas narraciones una atmósfera fijada por la presencia constante del sol que delimita un eje espacio-temporal sobre el que gira la mayoría de las historias:

La aridez de mis espacios tiene que ver con la memoria infantil de un conjunto de paisajes que oprimen al que ve y al que vive aquí. Tal vez por eso el sol, como tú dices, cobra la dimensión de un personaje. Ni mis personajes ni yo nos lo podemos quitar de encima. Se trata de un personaje omnipresente que reclama y te roba la atención aunque te niegues. Intenta quitártelo de la piel a ver si puedes (Quemain).


También se advierte en ellas la sensación de soledad que producen los grandes espacios inhabitados y la aridez del ambiente, aunque no en todos los casos. “Literatura del desierto” es finalmente una etiqueta bienintencionada con la cual se dio a conocer un grupo de escritores que coincidieron en el deseo de expresar una forma específica de apropiación del mundo.
En el caso de Gardea no siempre el sol, pero sí la realidad dominada por un fenómeno atmosférico, crea un ambiente que incide en el estado anímico de los personajes. Ángel de los veranos es un ejemplo de esto.
La historia, dispuesta estructuralmente en dos partes, consta de dos líneas narrativas. En la primera, que es la que domina el discurso, un hombre sentado frente a su máquina de escribir recuerda, mediante una serie de retrospecciones, a la mujer amada ausente. Un vecino toca a su puerta pidiéndole ayuda para rescatar un palomar derribado por la nieve y el viento. Luego de varios esfuerzos consiguen entre los dos recuperar a una sola de las palomas viva. La segunda línea narrativa está formada por la serie de acronías con las que se construye la historia del hombre y su amada Nebde. Esta última línea narrativa está alterada en cuanto al orden cronológico y se presenta a manera de constantes interrupciones en el discurso de la primera línea. El narrador es intradiegético y habla en primera persona, manifiesta de forma persistente su deseo de recuperar a Nebde: “Tenía que buscar y encontrar a Nebde, allí, en el cuarto” (: 170). La relación con la mujer amada (¿quién es ella? ¿por qué se fue?) está dada solamente por fragmentos. Hay una parte importante de la relación entre ambos que es elidida, no sabemos qué hace el hombre ahí, por qué la mujer no permanece con él. Y sin embargo, lo que hay en esa elipsis es fundamental para la comprensión de la historia. Este recurso de omitir un acontecimiento importante crea el efecto de reforzar la intensidad de la relación entre ambos pero también la convierte a ella, quien finalmente es la única ausente, en un personaje simbólico. Nebde es un personaje, en cierta forma, plano. Su personalidad está constituida por fragmentos de sí misma que el hombre asocia al ciclo estacional. Puesto que de ella sólo conocemos lo que el hombre que la ama quiere decirnos, Nebde es un símbolo de lo que él necesita. En la narración, una vez que Nebde se va, el invierno inicia, y cada vez que el hombre la recuerda, “recupera” el calor que ella representa en su vida:

El trigo de su pelo, en la sombra, seguía deslumbrándome igual que cuando le dio el sol de la calle. El deslumbramiento entonces no lo entendí cabalmente. Iba a permanecer, para siempre, en mi sangre, en la médula última, alimentándome (: 170).


Nebde simboliza el verano; ella es el ángel de los veranos. Al respecto Mieke Bal observa que los caracteres femeninos en la literatura generalmente no operan como sujetos en el sentido de que sean ellas quienes van en busca de un objeto concreto que precisaría un largo viaje o una tarea física que las ponga a prueba (Bal, 1987: 91); las mujeres siempre representan objetos de deseo en la literatura. De acuerdo con esto en Ángel de los veranos el personaje femenino simboliza, en medio de un ambiente invernal desolado, el deseo por el calor y la felicidad que trae consigo el verano: “El verano canta en mí con toda su potencia. Nebde va a mi lado, silenciosa: ambos caminamos sobre el piso rojo iluminados por una claridad que no es común” (: 171). La búsqueda de este objeto (Nebde = el verano) convierte al relato en una historia de amor típica “en la que el destinatario es el amante despechado y el dador se funde con el objeto: ella ‘se da’ a sí misma” (Bal, 1987: 37).
Pero hay algo más. El hombre en medio de su añoranza por ella es interrumpido por un vecino. Juntos salen a levantar las vigas que han caído encima del palomar. La tristeza del hombre por la ausencia de Nebde se suma al sufrimiento del vecino que encuentra sus palomas muertas. La historia que se cuenta en este relato es en extremo sencilla y como hemos dicho se estructura ocultando una parte sustancial de la fábula. Habría que estudiar profundamente, en otro lugar y otro momento, los rasgos del minimalismo norteamericano que influyeron en la prosa de Jesús Gardea. Aquí destacaremos sólo dos que están presentes en Ángel de los veranos.
Fue Ernest Hemingway quien sugirió en su preceptiva la famosa teoría del iceberg, en la cual sugiere que la parte sustancial de un relato debía permanecer sumergida como un témpano de hielo:

“El témpano conserva siete octavas partes de su masa debajo del agua por cada parte que deja ver. Uno puede eliminar cualquier cosa que conozca, y eso sólo fortalece el témpano de uno. Es la parte que no se deja ver. Si un escritor omite algo porque no lo conoce, entonces hay un vacío en el relato.”


Hemingway creía que la omisión no debilitaba sino que fortalecía al texto:


you could omit anything if you knew that [sic] you omitted and the omitted part would strengthen the story and make people feel something more than they understood (Hemingway: 75).

Al omitir la parte sustancial del relato el lector siente que la historia debe tener algo más que lo que está ahí, como sucede con Nebde: ¿quién es la mujer? ¿qué relación tiene ella con el ambiente? ¿por qué debe irse “antes de que empiece la nieve”? ¿por qué sabe el hombre que ella al final volverá? El omitir lo sustancial en Ángel de los veranos consigue potenciar sus significados y convertirlo en un relato altamente polisémico.
El otro rasgo del minimalismo presente es la estructura epifánica que sigue la narración. Una epifanía se hace presente mediante una revelación personal que se manifiesta generalmente como una iluminación en la conciencia. Cuando el hombre y el vecino salvan a la única paloma viva regresan juntos a la casa y, al entrar, súbitamente la luz del sol los ilumina:

De allá nos llega una oleada de luz brillantísima. La paloma viva de mi vecino arde en sus manos como una lámpara. La ola nos deja y va y se estrella en las paredes, enjalgebadas, de la casa; refluye, nos envuelve de nuevo y luego se pierde en el llano. Enceguecidos como estamos, el hombre y yo nos encaminamos a su casa; (…) La alegría de mi vecino es patente: va arrullando al animal, le zurea como si fuera su palomo (: 177).


Barthes afirmaba en S/Z que el relato estructurado como una estrategia para develar una verdad era una de las obsesiones occidentales cuyo origen radicaba en el episodio de Edipo resolviendo el enigma frente a la Esfinge. Barthes tiene razón. En términos generales la concepción moderna de cuento se la debemos a escritores como Poe quien, para mantener la atención de los lectores de folletín, organizaba la estructura del relato creando una trama climática que desataba todos los nudos narrativos en la resolución de un enigma. De hecho, esta idea de la trama climática ha servido como base para elaborar diversas tesis acerca de la naturaleza del cuento como la de Ricardo Piglia, quien afirma que un cuento siempre cuenta dos historias; una de ellas permanece oculta y se apoya en el discurso de la historia manifiesta. El final se produce cuando la oculta se revela como el verdadero motivo de la narración. Pero si atendiéramos a la tesis de Piglia o a la de la trama climática para categorizar a una narración breve como cuento entonces la mayor parte de la narrativa de Jesús Gardea quedaría fuera. Afortunadamente hay tan diversas formas de narrar como diversa es la naturaleza del cuento.
Hemos dicho que en las narraciones de Gardea los factores ambientales como el viento, el sol, la lluvia están presentes en la historia más que meros adornos; ayudan a construir una línea semántica de interpretación. En Ángel de los veranos son la nieve y el viento los elementos que construyen una especie de predecibilidad temática:

Sigue nublado el cielo. Un pájaro pasa y lo raya de negro. La nieve de ayer se extiende hasta donde mi vista alcanza. Su resplandor helado invade el cuarto, destempla las cosas. (…) Por encima de su cabeza miré al cielo de la ventana, más plomizo y amenazador que antes (: 168).

Pero en este cuadro a todas luces predecible de una historia dominada por la melancolía no encontraremos historias ocultas que se revelen ni la solución de un enigma planteado, como querían Piglia y Poe. Las descripciones del ambiente en la narrativa de Gardea construyen un espacio en el cual se delinean situaciones y personajes que sólo sugieren la presencia de una historia latente. Es mediante la elisión, como quería Hemingway, que todo el potencial de significados permanece implícito y, aquí sí: como quería Eco, el trabajo de significación del texto es trasladado al lector.
La esencia misma del relato es, casi nadie tiene duda, la narración de eventos. Por oposición a la narración, tenemos la descripción. Narración y descripción son una díada que estructura los relatos. Gennette en su ensayo Fronteras del relato ve en esta oposición una tendencia acentuada por la tradición literaria reciente, apenas del siglo XX, a privilegiar la narración sobre la descripción (Barthes et al, 1988). Sin embargo, aunque el privilegio del relato radique en su carácter narrativo, es decir, a la sucesión de eventos, existe un problema de definición genérica cuando encontramos literatura como la de Jesús Gardea donde hay poca o nula narración de eventos y el discurso tiende más a ser descriptivo. Un criterio simplista de descalificación a este tipo de relatos sería decir que “no cuentan nada” y por lo tanto no son cuentos propiamente dichos. Pero sí son.
En la oposición narrativo/descriptivo Gennette advierte, brillantemente, dos posturas distintas ante el mundo. La dominada por la narración de hechos es una posición activa mientras que aquella donde domina la descripción es una posición contemplativa del mundo lo que la convierte en más poética, y por lo tanto, dice Gennette, más atractiva. Esto nos permite valorar la narrativa de Gardea como parte de una serie, cuya delimitación precisa no existe aún en la historiografía literaria mexicana, en donde la dominante descriptiva se apoya en una estructura narrativa mínima que instala el relato el espacio antes que en el tiempo.





Bibliografía


Bal, Mieke
1987 Teoría de la narrativa: una introducción a la narratología. Madrid, Cátedra.

Barthes, Roland
1980 S/Z. México, Siglo XXI.

Barthes, Roland et al
1988 Análisis estructural del relato. México, Premia.

Gardea, Jesús
1999 Reunión de cuentos. México, Fondo de Cultura Económica.

Hemingway, Ernest
1964 A Moveable Feast. New York, Scribner's.

Leal, Luis
1990 Breve historia del cuento mexicano. Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Lotman, Yuri Mijail
1996 La semiósfera I: semiótica de la cultura y del texto. Madrid, Cátedra.

Quemain, Miguel Ángel 2008 “Entrevista a Jesús Gardea”. Tomado de http://www.excentricaonline.com